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ET El extraterrestre: 25 años de magia

Juan Rodríguez Millán, marzo de 2007

Hace 25 años se estrenó una de esas películas capaces de marcar a varias generaciones. Era una película modesta de un director de éxito. Apenas tenía nombres conocidos en un reparto encabezado por un grupo de niños. Bajo un envoltorio de fantasía y de ciencia ficción, se escondía un proyecto muy personal que estaba destinado a permanecer en la memoria de todos los espectadores que tuvieron la suerte de verla en aquel lejano 1982, y en la de todos los que después la vieron en televisión, en vídeo o en DVD. ‘E.T. El extraterrestre’ es una de esas películas inmortales, que trascienden el mundo del cine para convertirse en iconos culturales. ¿Quién no ha visto ‘E.T.’? ¿Quién no ha llorado en la escena final? ¿Quién no se ha emocionado con las aventuras de ese pequeño alienígena y del niño que le acoge en la Tierra? Envidio a quien no lo haya hecho. Tiene por delante el descubrimiento de una película única e irrepetible, quizá la mejor película de un genio como pocos, Steven Spielberg.



La película que acabaría convirtiéndose en ‘E.T.’ nació de un guión titulado ‘Night Skies’. Spielberg dio con esta historia cuando buscaba información para hacer ‘Encuentros en la tercera fase’, en plena década de los 70. Ese guión narraba la lucha de una familia granjera contra unas pequeñas criaturas alienígenas que sembraban el terror. Más parecido a títulos como ‘Critters’ o incluso ‘Gremlins’, que el propio Spielberg produjo años más tarde, que a lo que fue finalmente ‘E.T.’. “No era la película que quería hacer”, confesó años después Spielberg. Al director, eso sí, le marcó un pequeño detalle de ese guión. Al final, uno de los alienígenas era abandonado en la Tierra. Ese era el punto de partido de la película que Spielberg sí tenía en mente.

Pasaron los años. Spielberg recuperó aquella idea mientras rodaba en Túnez ‘En busca del Arca perdida’. Como todo el mundo sabe, Harrison Ford era la estrella de aquella película. Y con él estaba en el rodaje su entonces esposa, Melissa Mathison, que a la postre sería la autora del guión de ‘E.T.’. “Un día, Steven y yo estábamos dando la vuelta a unas piedras buscando escorpiones cuando me preguntó si consideraría escribir un guión para él. Le contesté que no pensaba volver a escribir, me sentía francamente fracasada por el resultado del proyecto en el que estaba trabajando. Pero Steven me contó la idea de todos modos: ‘¿Y si un pequeño alienígena llegase a la Tierra y le acogiesen unos niños’”, recuerda Mathison.

El guión de ‘E.T.’ se escribía mientras Spielberg hacía historia en el cine con la primera película de Indiana Jones. El director y su guionista pasaban horas debatiendo sobre su próximo proyecto. Y entonces Mathison le presentó a Spielberg un primer borrador. “Lo leí en una hora, lo que no es normal para mí porque soy un lector lento. Me dejó sin aliento. Era muy honrado, y la voz de Melissa me llegó directamente al corazón. Estaba listo para rodar el mismo día que leí el guión”, explica el director.



EN BUSCA DE UN ELLIOTT CONVINCENTE


Spielberg tuvo que hacer frente a dos retos muy importantes para que su película se convirtiera en realidad. El primero, el reparto. Necesitaba un niño que pudiera dar vida a Elliott, el pequeño que acoge a la criatura extraterrestre como su amigo. Seis meses de búsqueda no dieron fruto, y el director llegó a hacer una oferta a un chico que no le convencía. Sus padres dijeron no. A falta de cuatro semanas para empezar a rodar, encontró a Henry Thomas. Sin haber leído el guión, le pidieron al chico que interpretara una escena en la que demostrara lo mucho que le dolía que el Gobierno quisiera llevarse a la criatura. Henry pensó en su perro, que acaba de morirse, y convenció a todos. “No había nadie en la habitación sin lágrimas en los ojos. Recuerdo que me volví hacia Henry y le dije: ‘Vale, chico, el papel es tuyo’”, recuerda el director.

Mucho más difícil, a priori, era crear una criatura alienígena creíble. Spielberg, acostumbrado a trabajar con efectos especiales, y que ya había vivido una pesadilla con la criatura de ‘Tiburón’, sabía mejor que nadie que la credibilidad de su película dependía de que se pudiera construir a ese pequeño extraterrestre. Desde el principio se descartó un traje con un especialista dentro para darle vida. Spielberg encargó la criatura a Carlo Rambaldi, que ya había ganado dos Oscar por ‘Alien’ y el primer remake de ‘King Kong’ y con quien Spielberg ya había trabajado en ‘Encuentros en la tercera fase’. Y sus diseños no defraudaron.

Se construyeron tres criaturas. Uno a tamaño real y de cuerpo entero que medía 122 centímetros con el cuello encogido y 142 con el cuello extendido, controlado por 12 operarios. Un segundo modelo se construyó para los primeros planos y expresiones faciales. Estos dos tenían casi un centenar de puntos de movimiento diferentes. Y finalmente se elaboró un traje para especialistas. El único problema que no pudo solventar la mecánica estaba en las manos. Los modelos mecánicos temblaban un poco al detenerse, así que el equipo de efectos especiales creó unos guantes que simulaban las manos del alienígena para una mimo que se los puso para las escenas en las que la criatura cogía algo con sus manos. La elegida fue Caprice Rothe. La voz de E.T., tanto en versión original como en las diferentes versiones dobladas, fue la de una mujer de 60 años, Pat Walsh, que después se alteró electrónicamente y se mezcló con sonidos de animales.

Aparte de la criatura, la película contó con muy pocos efectos especiales, aunque el equipo de Industrial Light & Magic, la compañía creada por George Lucas, bajo la dirección de Denis Muren, creó una de las imágenes más recordadas en el imaginario cinematográfico de las últimas décadas. La bicicleta de Elliott volando sobre la luna no sólo perduró en la memoria de todos los espectadores, se convirtió además en el logotipo de la productora de Spielberg, Amblin.

DESDE LOS OJOS DE LOS NIÑOS

La película se rodó en el mismo orden en el que se desarrollaba la historia. Spielberg optó por este sistema para dar facilidades a los niños actores. Y es que ellos, junto con la criatura, eran las estrellas. Henry Thomas, Drew Barrymore y Robert MacNaughton llevaban el peso de una historia en la que los adultos, a excepción de la madre (Dee Wallace) y un científico del Gobierno del que nunca se llega a decir el nombre (Peter Coyote), apenas aparecen de cintura para arriba. La película está rodada desde la misma altura de los ojos de los niños. Es su mirada la que da vida a la historia.

Spielberg evitó los ensayos y dio a los pequeños margen de maniobra para que improvisaran muchas de las frases que se oyen en la película. El momento más duro para todos ellos fue la escena final, cuando E.T. se despide de los niños. El que peor lo pasó fue Henry Thomas. Spielberg se acercó al niño segundos antes de ponerse a rodar y le susurró al oído: “Se acabó, es la última vez que os vais a ver”. Spielberg relató que “en ese momento se le partió el corazón, pero aguantó. Cuando dije acción, fue como abrir las puertas del diluvio”. No sólo para los actores, también para el público que después vio la película.

Henry Thomas, que entonces tenía seis años, sólo puso problemas para rodar una escena. Cuando E.T. se emborracha en casa, Elliott sufre los mismos efectos en el colegio, se dedica a soltar las ranas con las que iban a experimentar en clase... y besa a una compañera de clase, una niña rubia, Erika Eleniak, que continuó con su carrera de actriz. “Recuerdo que cuando lo leí, pensé: ‘Una nave espacial, mola. Un alienígena, mola. ¿Pero besar a una chica? Ni hablar! ¿De verdad tengo que hacerlo?’”, recuerda Thomas años después de aquello.

Uno de los aspectos que hicieron de ‘E.T.’ una de las películas más inolvidables de todos los tiempos fue la música. John Williams, ya entonces el compositor habitual del cine de Spielberg, se superó a sí mismo y creó una de las partituras más bellas que se han escuchado en una sala de cine, con un tema inmortal que todos conocemos y hemos tarareado alguna vez. Spielberg explicó mejor que nadie lo que la música significó para esta película: “John Williams era la voz de ‘Tiburón’, el alma de ‘Encuentros en la tercera fase’, el corazón y la furia de ‘En busca del arca perdida’, y ahora, con la mejor de sus composiciones, John Williams es ‘E.T.’”. Spielberg siempre recuerda que lloró cuando Williams tocó al piano por primera vez los temas que había compuesto.

LA PELÍCULA MÁS TAQUILLERA

‘E.T. El extraterrestre’ costó 11 millones de dólares, una cifra bastante baja para la época, para lo que estaba acostumbrado a gastar Spielberg y para lo que se le presuponía a una película de un gran estudio. Recaudó 187 millones en Estados Unidos y 232 en todo el mundo. Se convirtió en la película más taquillera de la historia del cine, lugar que mantuvo hasta el estreno de ‘Titanic’. El éxito fue una sorpresa para muchos, incluso para Spielberg, quien recuerda así lo que pensó antes de embarcarse en el proyecto. “Me dije a mí mismo: Ya he tenido suficiente éxito, ahora voy a permitirme fracasar, voy a hacer una película que va a tratar de mi infancia y que se va a llamar ‘E.T.’. Quizás gane un poco de dinero con ella porque va a tener una criatura extraterrestre, pero es tan personal que probablemente va a fracasar”.

Pero desde el principio estaba claro que ‘E.T.’ era una baza ganadora, como quedó claro en el preestreno, el 7 de mayo de 1982. “Fue una experiencia casi religiosa. Fue emocional, cariñoso y generoso por parte del público. Nunca sabes qué tienes entre manos hasta que se lo enseñas al público, pero siguieron y captaron cada detalle de la película. Respondían a todos los momentos de risa, incluso a los que yo no estaba seguro de que entendiesen. Huno seis aplausos espontáneos durante la proyección y tres minutos de aplausos sostenidos al final, durante casi todos los títulos de crédito”, recuerda Spielberg. ‘E.T.’ fue también ovacionada en el Festival de Cannes.

Hubo un pase privado para George Lucas, amigo personal de Spielberg, y los empleados del Rancho Skywalker. “Justo después de que los chicos salen volando en las bicicletas, George se inclinó hacia mí y dijo: ‘De acuerdo, puedes ser el número uno durante un tiempo’. Después le pregunté qué había querido decir con eso y George me dijo: ‘E.T. va a ser la película más grande de todos los tiempos, va a dejar atrás a ‘La guerra de las galaxias’, puedes creerme’”, relató Spielberg. El director recordó que Lucas no podía dejar de reír cuando vio el guiño que había hecho a ‘Star Wars’, la presencia de un disfraz de Yoda en la fiesta de Halloween, al que E.T. se pone a perseguir diciendo “mi casa, mi casa”. Lucas incluiría un trío de E.T.s en el primer episodio de ‘Star Wars’, ‘La amenaza fantasma’, para devolverle el guiño.



SÓLO CUATRO OSCAR


La Academia norteamericana, no obstante, no se rindió plenamente a esta genialidad. Le concedió cuatro Oscar (efectos visuales, efectos de sonido, sonido y banda sonora original), pero le negó los premios más importantes, los de las otras cinco nominaciones que tenía: película, director, guión original, fotografía y montaje. Aquel año la película triunfadora fue ‘Ghandi’. Hoy nadie puede decir que recuerda aquel filme de Richard Attenborough más que la maravilla de Spielberg. La Academia no supo reconocer el título de aquel año que verdaderamente iba a pasar a la historia.

Coincidiendo con el 20 aniversario de la película, Spielberg decidió reestrenarla. “Nunca quise hacer una segunda parte de ‘E.T.’, pero me pareció una gran idea volver a estrenar la película con motivo del 20 aniversario, con algunas mejoras para complacer al perfeccionista que llevo dentro”, explica. Así, introdujo algo más de tres minutos nuevos, incluyendo una escena que había descartado en su día porque la criatura mecánica no funcionaba lo bien que esperaba bajo el agua. Más polémica generó algún que otro retoque digital, sobre todo la eliminación de las armas de fuego en las manos de los policías que persiguen a los niños cuando intentan llevar al alienígena a su nave. El éxito del reestreno fue absoluto: sólo en su primer fin de semana, y en Estados Unidos, recaudó más de 15 millones de dólares.

Para muchos, ‘E.T.’ es la mejor película de Spielberg, sobre todo para los que adoran su vena más aventurera. El propio director sabe que ocupa un lugar muy especial en su filmografía. “La película más significativa que he hecho es ‘La lista de Schindler’, pero la película más personal es ‘E.T’. Hoy en día ya es un cliché decir que una película es para el niño que todos llevamos dentro pero creo que ‘E.T.’ es para la persona que somos, la persona que hemos sido y la persona que nos gustaría volver a ser”, sentencia. Lo que está claro es que Spielberg nos dejó una película inolvidable, capaz de convertirnos otra vez en niños durante dos horas, una herencia para todos los niños a los que podremos mostrarles la película en el futuro, una auténtica obra cumbre del cine. Y, además, una de las frases más célebres de la historia del séptimo arte. Todos hemos dicho alguna vez eso de “teléfono, mi casa”. ¿O no?

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