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¿Hacia dónde camina el cine español?

Hubo un tiempo en que los cineastas españoles lucharon titánicamente por llevar a buen puerto sus bien cimentadas ideas, dentro de un orden y de unas coordenadas históricas y autóctonas y de patente sensibilidad que, los más reticentes a estas tendencias, los maledicientes y corrosivos propagadores de que "todo debía cambiar”, motivaron, sin darse cuenta, posiblemente, que el imperialismo norteamericano se fuera adueñando de nuestro mercado y, después, poco a poco y taimadamente, del mercado europeo, con la única oposición dura de los cineastas franceses. Aquellos malévolos denominaban "españoladas”, en tono despectivo cuando no despreciativo, a lo que tanto les costaba a otros sacar adelante.

Hoy, con la perspectiva que da la madurez y la reflexión, hemos vuelto a los rediles de la verdad sabia, y valoramos en su justo precio lo que denostaron tiempo atrás, atribuyéndole, a aquellas películas de otrora, la comprensión, la importancia y la calidad que les fuera negadas en su momento, con su consiguiente rechazo de crítica y público.

Yo, que vivo tan apegado a aquellas corrientes cinematográficas que tanto influyeron en mí y en mi vocación de cineasta, y que, incluso, formaron parte de mi heterogénea cultura, tengo por obligación que atribuirles, en justo honor a la verdad, la importancia sublime y maravillosa que aquellas películas de los años cincuenta, sesenta y setenta tuvieron, a pesar del “handicap” de haberse rodado con dos perras y, en innumerables casos, con “colas” sobrantes de otras “cintas”. A aquello, yo le he dado en llamar LOS TIEMPOS HEROICOS DEL CINE ESPAÑOL. Y heroicos fueron, doy fe de ello.

¿Quién ha podido olvidar a nuestro entrañable José Luís Sáenz de Heredia, hombre de exquisito y “epicúreo” gusto y caballeroso proceder en cuantas empresas acometió en su vida particular o en su trayectoria profesional, para envidia de muchos, y relegado hoy, injustamente, al más penoso, cruel e injusto de los ostracismos? Una rápida mirada a parte de su “egregia” filmografía nos puede dar una pálida muestra de lo que fuera su cine. “HISTORIAS DE LA RADIO”, “EL GRANO DE MOSTAZA”, “RAZA”, “LOS OJOS DEJAN HUELLAS”, “EL ESCÁNDALO”, “DIEZ FUSILES ESPERAN” o “EL VIUDO RIUS” (“MARIONA REBULL”) fueron modélicos ejemplos de un cine sin parangón y, en cambio, vilipendiado y olvidado prácticamente por los “bisoños” de entonces o desconocido por los “pipiolos” de hoy mismo. Extrañas paradojas de unas generaciones en pugna por el cambio y la modernidad, a costa de lo que fuera.

¿Y qué se puede decir en defensa de Luis García Berlanga, que no se haya dicho o divulgado una y mil veces hasta la saciedad, siempre con grandilocuencia a la hora de ensalzarlo, dándole yo ahora la medida exacta, precisa y certera de su connatural talento “socarrón”?

Ahí están, sin ir más lejos, “BIENVENIDO, MISTER MARSHALL”, “CALABUCH”, “LOS JUEVES, MILAGRO”, “NOVIO A LA VISTA”, “PLACIDO”, “EL VERDUGO” o la incomparable “LAS PIRAÑAS” (“LA BOUTIQUE”, a la hora de su estreno), que algún día será comprendida y reconocida, y a la que se hará justicia, tarde, como siempre pasa, pero en su plenitud, como hacen siempre a la hora de “rehabilitar” un talento oculto. Y es que, señores, esto ERA CINE. Un cine inimitable que jamás podrá ser imitado, por mucho que los jóvenes de hoy mismo traten de emular o copiar. El maestro siempre será el creador de las cosas bellas, y los demás, yo incluido, sus callados seguidores.

¿Y ese “vituperado” Juan Antonio Bardem? ¿Qué se puede omitir o negar, si queremos ser justos de su colosal obra? ¿Quién es lo suficientemente valiente o está dotado de la sabiduría salomónica para negarle al que dieron en llamar “crítico social” la gran calidad de “CÓMICOS”, “CALLE MAYOR”, “MUERTE DE UN CICLISTA”, “NUNCA PASA NADA”, o “EL JARABO”? Yo, desde luego, no seré quien caiga en el error de sentirme superior para atribuirme unos méritos como destructor de “mitos” que han prevalecido y prevalecerán siempre, contra viento y marea, y pese a quien pese. Y sin dejarlo pasar por alto, a lo que me resisto, tampoco quiero olvidar otra de sus grandes películas, que exiguo éxito tuviera en su momento: “SONATAS”, basada en las obras de Ramón del Valle-Inclán.

Y puestos a recordar, ¿por qué no recordar a Manuel Mur Oti, a José Antonio Nieves Conde, a Antonio del Amo Algara, a José María Forqué, a Ana Mariscal, a César Fernandez Ardavín y Ruiz, a Luis Marquina, a Edgar Neville o Juan de Orduña y a tantos y tantos otros que marcaron una bella época y que blasonarán a la cinematografía de nuestro país, cuando a la cinematografía de nuestro país se le haga justa memoria, homenaje y recordatorio?

Y hubo - ¡naturalmente que las hubo! – películas mucho más audaces en su contenido, para su tiempo. Y mi recuerdo va como una flecha extraída rápidamente del carcaj a “UN VASO DE WHISKY”, a “NO DISPARES CONTRA MÍ”, a “LA CELESTINA”, a “APARTADO DE CORREOS 1001”, a “LOS CUERVOS”, a “DISTRITO QUINTO” y sin olvidarme de la gran incomprendida y “maldita” “VIDA EN SOMBRAS” o la no menos “despreciada” por el gran público, “CUERDA DE PRESOS”.

Muchas son las que me dejo en el tintero, lo sé; pero uno no puede abarcarlo todo con el recuerdo ni con el límite – sobre todo esto último – del escaso espacio del que dispongo para hablar del CINE ESPAÑOL y sus cambios radicales con el discurrir de los años o sus gustos trashumantes y muy alejados de mis inclinaciones temáticas, sensibles o ideológicas.

Ahora han llegado, de no se sabe dónde, una pléyade de jóvenes que se han incorporado al raquítico panorama de nuestra endémica industria. Y estos “airados” cineastas, que ignoran por completo lo que es el buen gusto, la estética, la madurez estilística o la sabiduría que da la reflexión y las experiencias vividas en carnes propias, son, actualmente, quienes acampan por sus respetos.

¿Qué significa o aporta el cine de Pedro Almodóvar? ¿A qué se debe este fenómeno incongruente cuando no patético? ¿Por qué ese fervor, esos aspavientos hacia algo tan chabacano y burdo como gran parte de su cine? Yo, sinceramente, no lo entiendo.

Naturalmente, hay honrosos ejemplos contrapuestos a todos los anteriormente enunciados. Está, sin ir más lejos, y muy loablemente, José Luís Garci.

Garci es un cineasta puro y culto y amante del culto, que vive del cine y para el cine, y que siempre, todo lo que ha sacado adelante, lo ha hecho muy bien y con un alto “standing” de calidad y refinamiento. Comprendo y me identifico con la melancolía que le imprime a sus temas y me compenetro con sus personajes de carne y hueso, tan bien construidos y perfilados y con unos diálogos impecables que él sabe “elaborar” a las mil maravillas. Y no es frecuente, créanme, escribir buenos diálogos para el medio cinematográfico. Si no, que se lo pregunten a Jaime de Armiñán, que tanto entiende de diálogos bien “trabajados”, él que viene del teatro y cuya baza fuerte son, los diálogos en cualquiera de los medios, cine o teatro.

Armiñán, sí. He aquí otro cineasta con clase, carisma y buen estilo; clase y señorío, naturalmente, heredados de los maestros “de antes”. Quizás algo torpe este Jaime de Armiñán en la dirección técnica, pero siempre inspirado y congruente con sus personajes, a los que ama de verdad y a los que suelen dar “vida” unos actores de enjundia reconocida, motivando, en consecuencia, que nos creamos toda la trama los demás, los espectadores inocentes que aguardamos acontecimientos y distracción, como debe ser, pues es al público a quien va encaminada la “cinta” resultante final.

Y el estético y preciosista y perfeccionista Victor Erice, con su “EL ESPÍRITU DE LA COLMENA”, tan “mirífica” como su fotografía y su frágil y dúctil joven protagonista. Fernando Fernán Gómez la conceptúa su mejor película, y es hombre que no suele prodigarse en gratuitas aseveraciones.

Y aquel malogrado Claudio Guerín Hill, que tanto pudo hacer y que un mal día, por un vértigo que en nada tenía que ver con el “VERTIGO” de Hitchcock, sufrió un mareo por el cansancio y cayó al vacío, para ya no levantarse jamás de aquel suelo impregnado con su sangre. Allí quedó tendido el cuerpo inerte de un joven cineasta que hubiese dado mucho de sí mismo y magnas obras a nuestra cinematografía, a la que servía con toda la vocación del mundo.

Y, una vez más, pido perdón por los que se quedan en mi tintero en esta mañana tristona de cielo encapotado, hallándome sumergido en este breve pero concienzudo y determinante giro de lo que fue, es y será el CINE ESPAÑOL, nuestro CINE en una palabra.

Y cabe una pregunta que está en la mente de todos los cinéfilos, posiblemente: ¿Hacia dónde vamos? ¿Cómo será el CINE ESPAÑOL dentro de unos años? ¿Cómo se rodará, ahora que tantos medios técnicos e informáticos hay para rodar y “editar”? ¿Qué tipo de historias tocaremos o tocarán, mejor dicho, los jóvenes venideros? Difícil cuestión de dirimir, en verdad. Pero, aunque sea someramente y me aventure en exceso, voy a tratar de dar, como si de un sofisma indefendible se tratara, una respuesta a estas preguntas con la sinceridad y el entusiasmo que me caracterizan.

Yo creo en los guiones bien trabajados, bien dialogados y con un reparto que de “vida” a todo aquel material literario que se desmenuza en “storyboard” para facilitar el trabajo y la creatividad. Yo valoro el esfuerzo y el tesón y las obras que me “dicen” algo, o que me impactan a mí como espectador y como hombre de cine. Y sobre todo y por encima de todo, amo el arte y la belleza en todas sus manifestaciones plásticas y artísticas. Por consiguiente, parte de estas preguntas ya están contestadas en lo que a mis gustos personales concierne. No obstante, matizaré en lo posible por respeto a los demás.

Desgraciadamente, y para el pensar de muchos incluido el mío, el Cine Español camina hacia su autodestrucción al no haber una industria sólida y compacta en la que apoyarse o sustentarse. Y faltando tan primordial elemento, todo lo demás navegará siempre en un mar de incertidumbres y vacilaciones y dudas que sólo los francotiradores, y de vez en cuando y a modo de rareza, llevarán adelante una “obra”... que se rodará en el extranjero, para garantizarse el mercado mundial. Y esta no es la solución. Más bien, lo contrario: la masacre de nuestra cinematografía.

Hoy, cuando ya se “monta” (me resisto a decir “editar”) con ordenador, cuando se rueda en vídeo aunque sea en BETACAN SP, cuando se buscan guiones, casi desesperadamente, que giren en pos de una originalidad mayor, cuando no se respetan o se desprecian olímpicamente las reglas o uno se olvida de ellas, no teniendo en consideración que TODOS BEBIMOS DE LAS FUENTES DE LOS MAESTROS ANTERIORMENTE MENCIONADOS; cuando las Distribuidoras no quieren Cine Español, rechazándolo sin piedad ni menoscabo, porque no es competitivo con el cine del resto de Europa, como siempre hemos tendido a hacer de tan demente modo, despreciando lo nuestro y ensalzando lo de fuera; cuando tratamos de copiar a esos de fuera, abandonando nuestras raíces y nuestras verdades interiores, convirtiéndonos en simples remedos de nosotros mismos y de nuestra cultura; cuando, en suma, estamos colonizados por el imperialismo norteamericano, dueño y señor del mercado mundial y de gran cantidad de las salas que diseminadas hay por el mundo entero y, naturalmente, también, en nuestro propio país; cuando ya no existe formalidad en los tratos ni comercio noble ni se respetan los pactos que antes eran sagrados ni los amigos lo son ya, entonces, uno, con la mayor de las tristezas pero siempre sincero en el proceder, tiene que reconocer que los tiempos pasados fueron encantadores y que el futuro, por mucho que lo pregonen o que lo aireen gratuitamente los ingenuos o los francotiradores a los que antes me refería, tan sólo por que una película les ha salido taquillera, el futuro, ese por el que tantos principiantes suspiran, aprendiendo en escuelas de cine cuando deberían hacerlo también en la escuela de la vida, yo, sinceramente, no lo veo de color rosa ni su camino un sendero de flores. No obstante, yo puedo equivocarme - ¡ojalá me equivoque! – y todo sea encantador y fantástico, y se realicen grandes producciones con las que asombremos al mundo entero, y podamos todos volver a degustar aquellos sabores y sentir aquellas sensaciones de felicidad grata y regocijante, de unos años entrañables que tanto me marcaron a mí y a tantos otros añorantes, porque amábamos el CINE ESPAÑOL, sobremanera, y no sólo por ser ESPAÑOL, sino por ser CINE DE VERDAD.



(Artículo escrito en el año 1994, en una noche de insomnio.)

JUAN JULIO DE ABAJO DE PABLOS.
Historiador. Escritor. Guionista. Director Gerente de FANCY EDICIONES.

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