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La fuente de la vida

Weisz y Jackman trabajan en este film

Juan Rodríguez Millán 10/05/2007
Darren Aronofsky es uno de esos directores empeñados en dirigir supuestamente para una élite cultural. El común de los espectadores no es el objetivo de un realizador que tampoco destaca por sus dotes narrativas o visuales. Aronofsky trazó el retrato obsesivo de un matemático en ‘Pi’ y de un grupo de drogadictos en ‘Requiem por un sueño’. Ahora, en ‘La fuente de la vida’, profundiza en las obsesiones humanas con el mismo resultado aburrido, pedante en buena medida, de sus anteriores trabajos.

Es realmente complejo definir temáticamente ‘La fuente de la vida’, una película que mezcla tres momentos temporales, más allá de un punto central. Versa sobre la vida y la muerte. Pero en lugar de profundizar en el tema en el que inicialmente parece que va a centrarse, la acción se desvía de forma constante y sin un patrón lógico. A veces con imágenes (mezclando planos de gran poderío visual con otros absolutamente superfluos e incluso ridículos), a veces con diálogos aburridos, inverosímiles e intrascendentes. Y al final de la proyección, uno no sabe muy bien si a asistido a una película de género, a una de autor o simplemente a un espectáculo vacío de contenido.

Entre todo este desbarajuste, que nace del guión pero que se remata con la puesta en escena y el montaje, deambulan con más o menos pericia dos actores reputados. Hugh Jackman apuesta mucho últimamente y la mayor parte de las veces bien. Pero igual que cayó en el peor Woody Allen de los últimos tiempos (‘Scoop’), ahora protagoniza una película que, siendo benévolos, se debe tachar de prescindible. Sólo él consigue levantar algo el interés por la cinta, ya que el personaje femenino, el de Rachel Weisz, no tiene relevancia alguna en pantalla. Es el motor de la obsesión del protagonista masculino, pero poco más. Y cuando personajes que están viviendo en el drama no consiguen conmover al público, ni siquiera provocar la más mínima empatía, es que algo falla en la película.

Aronofsky vive en un universo alejado por completo del espectador. Tanto es así, que la película cosechó un sonoro abucheo durante su pase en el Festival de Venecia y unas durísimas y merecidas críticas. Esa es la consecuencia de hacer un cine vacío de contenido, carente de alma y pretendidamente filosófico y erudito. Que luego nadie comprende ni al director ni a su película. ‘La fuente de la vida’ es el mejor ejemplo de este tipo de cine que se ha visto en mucho tiempo.


Anónimo - Martes 14 de junio de 2011 a las 03:44

porque no te haces coger a maquina, pelotudo, la pelicula es genial, lo que pasa es que seguramente vos comes pochoclos mientas des las peli y no podes hacer dos cosas a la vez.
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Autor: Anónimo (Identifícate o regístrate)      Web: