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Promesas del este

Cronenberg vuelve a las pantallas

Juan Rodríguez Millán 30/10/2007
David Cronenberg se ha instalado definitivamente en un cine más adulto, más realista, más sofisticado si se quiere, que el de sus inicios, del que aún conserva lo explícito de algunos planos violentos. La principal constante que ofrece, en todo caso, y que se ve en todo su cine, es que sus personajes son hombres y mujeres que viven vidas solitarias, que padecen situaciones dramáticas, extremas incluso, que sufren crisis de identidad de las que buscan salir a lo largo del metraje.

Sus dos últimas películas reflejan esa misma inquietud, pero dando un paso más. Tanto ‘Una historia de violencia’ como ‘Promesas del Este’ son historias crudas, pero que se enmarcan en una realidad muy cotidiana y muy realista.

El nexo de unión de estos dos trabajos es Viggo Mortensen. En ‘Promesas del Este’ se mete en la piel de Nikolai, chofer de un capo de la mafia rusa de la capital británica, con ambición ser bastante más. Lo que impresiona del trabajo de Viggo Mortensen es precisamente su capacidad de transformación. Nadie podría ver bajo este personaje al mismo actor que dio vida a Aragorn en ‘El Señor de los Anillos’. Una lástima que con las copias dobladas se pierda una parte importantísima de su trabajo, su voz, que le lleva a hablar en ruso (e inglés con acento ruso) durante toda la película. No sería exagerado decir que este actor (muy bien secundado por una verosímil Naomi Watts y por unos espléndidos Vincent Cassel y Armin Mueller-Stahl) es el motor de la película.

Cronenberg, decía, se muestra en una madurez cinematográfica muy interesante, pero pierde cosas por el camino. La puesta en escena de ‘Promesas del Este’ es brillante, como también lo es su fotografía o su música (a cargo de su inseparable Howard Shore). Pero algo falla en unos diálogos a veces forzados, en el guión en su conjunto y en su traslación a la pantalla. Es el precio que tienen que pagar todas las películas que aspiran a mostrar la versión definitiva de un tema muy concreto (en este caso, como ya se ha apuntado, la mafia rusa de Londres).

A medida que las dos historias paralelas (por un lado los avatares de Nikolai, por otro los de una comadrona de padre ruso que busca información sobre una joven rusa, apenas una niña de 14 años, que murió en su quirófano después de dar a luz) se van mezclando, el desarrollo se convierte en algo previsible. Sí muestra con indudable acierto el mundo de la prostitución, el del contrabando, el de las venganzas, pero se pierde ritmo precisamente por ese afán a veces documentalista. El final, además, carece de la grandeza que consiguió Cronenberg en ‘Una historia de violencia’, que sí tiene unos de los mejores cierres del cine de esta década. El motivo seguramente es que difícil final tenía esta historia de 100 minutos dentro de un contexto tan amplio y ambicioso.

A pesar de sus pequeñas lagunas, al final menos importantes de lo que pueda parecer a los detractores de esta película, ‘Historias del Este’ ofrece un cuidado relato, de factura impecable e interpretaciones más que solventes, alguna de ellas de gran madurez como la de Viggo Mortensen. Un cine destacado y destacable, algo más vacío de lo que en realidad parece, pero muy necesario en un mundo a veces tan despersonalizado como el del cine norteamericano.


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